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Un lapso hacia el centro de nuestras heridas: El viaje de Pakari

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Cuando las luces se apagaron y el telón se abrió, lo que apareció frente a nosotros no fue únicamente una representación teatral: fue un ensayo vivo sobre las tensiones que atraviesan nuestra época. El viaje de Pakari se presenta como un relato fantástico, pero su verdadera potencia radica en cómo consigue hablar del presente con una crudeza que rara vez se permite el teatro familiar. Detrás de las marionetas, los juegos de luces y la música compuesta especialmente para la obra, late una pregunta incómoda: ¿qué estamos haciendo con nuestro mundo y qué tan dispuestos estamos a rebelarnos contra las formas de vida que nos imponen? Desde los primeros acordes, quedó claro que la propuesta no busca refugiarse en la ligereza ni en el escapismo. La música, construida como una partitura de vibraciones que se mueven entre lo lúdico y lo sombrío, abre un espacio de imaginación, pero también de confrontación. Las letras, por momentos cercanas a la poesía oral, nos arrojan preguntas que resuenan ...

Demoler el centralismo: la mentira mejor financiada

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Santiago lo gana todo. Siempre. Aquí, en Arica, nos quedamos mirando las listas, como quien ve pasar el tren de madrugada: rápido, frío, sin detenerse. La descentralización vive en los discursos, no en los resultados. Los jurados hablan de criterios, de calidad, de mérito. Palabras bien vestidas, limpias, que huelen a oficina. Pero en la práctica, la geografía sigue siendo un pasaporte o una condena. Nacer o vivir lejos de la capital no es un dato, es una sentencia. En Arica sabemos esperar. Esperamos el verano. Esperamos la lluvia que nunca llega. Esperamos que algún día el Estado cumpla su promesa de igualdad territorial. Pero lo que recibimos es silencio, informes técnicos, y la certeza de que seguimos fuera del mapa. Hoy, el mejor soundtrack para esta sensación es Demoler de Los Saicos. No hay canción más precisa para describir el ánimo; esa mezcla de rabia, ironía y ganas de prenderle fuego a todo lo que huele a centralismo. Porque para demoler no hace falta maquinaria pesada...

La adolescencia como forma narrativa: estrategias del deseo y el desencanto en "Contra toda autoridad, excepto…" de Jorge Malpartida Tabuchi

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Este libro no necesita una poética ni un manifiesto. Malpartida Tabuchi ha hecho algo más radical; escribir desde dentro del lugar donde la mayoría apenas posa la mirada. Lo adolescente, sí. Pero no desde la nostalgia ni desde el reproche. Tampoco desde la adultez benevolente que se permite recordar su pasado con ternura. El autor no recuerda su adolescencia, la vive. Cada cuento está narrado como si aún no se hubiese salido de ese estado de cosas donde todo es exceso, literalidad y tensión. No hay ironía, pero tampoco sentimentalismo. Hay lucidez precoz.  “Nada serio” es el relato más notable del conjunto. No por su estructura (fragmentaria, polifónica, algo previsible), sino por el nivel de conocimiento que demuestra sobre el microuniverso que construye: chicos que juegan básquet, hablan de playoffs, se fracturan, se obsesionan con Ana. Cada personaje habla con una lengua propia, creíble, nunca paródica. En esa fragmentación está la violencia. Los personajes no dialogan: se suced...

Cenar en Arica: crónica de un desencanto anunciado

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Dicen que en la mesa se forjan amistades, se sellan pactos y hasta se declaran amores eternos. En Arica, en cambio, uno más bien forja paciencia, refuerza el estómago y revalida la fe en la autosugestión: esto debe estar bueno… ¿no? Cubiertos mal puestos, una servilleta de papel sucia y arrugada  como parte de aesthetic de esta mesa de restaurante "gourmet"      Empecemos con lo básico: es caro . Pero caro, no en plan “me doy un gusto”, sino nivel “mejor me compro un pasaje a Cusco y ceno en el Tupay del Monasterio, donde encima me regalan una función de ópera en vivo”. Porque sí, por el mismo precio uno podría estar escuchando a un tenor mientras saborea un lomo al tartufo y un souffle que coquetea con la perfección. En Arica, en cambio, uno paga cifras astronómicas para repetir los mismos tres platos reciclados en cada menú, menúes que por cierto podría recitar de memoria de lo repetitivos que son.      Que no se malinterprete: Y que no se malinter...

Comer en casa ajena: sobre alta cocina, exclusión y desigualdad en el Perú

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La mesa vacía del comensal invisible  En el Perú se come rico. Esa frase, que parece sacada de la boca del abuelo en la sobremesa de domingo. Lo repiten los rankings, los chefs premiados, los documentales de Netflix y los turistas que se fotografían emocionados frente a un ceviche servido como instalación de arte contemporáneo. Comer en el Perú, dicen, es una experiencia mística, una especie de reconciliación entre el cuerpo y el espíritu. Un reencuentro con la tierra, con la historia, con la pachamama y... con el Instagram. Pero, como todo lo sagrado en este país, es un privilegio. Y como toda experiencia mística, tiene un precio. Literal.      Una cena en Maido , ese altar gourmet al que le rendimos pleitesía desde todos los rincones del país, cuesta lo mismo —o más— que el sueldo mínimo. Y si decides incluir maridaje y postrecito, se te va en un solo servicio lo que alguien gana en dos meses de trabajo formal. No estamos hablando del campesino ni del mototaxista...

Manifiesto de la resistencia Blanda: Una sátira sobre la tiranía de los cuerpos en el s.XXI

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     I’m not interested in seeing a perfect image. Perfection is not only boring — it’s a lie . Deborah Turbeville      En la zoología moderna, hay una nueva especie en peligro de extinción: la mujer que no habla de su cuerpo como si fuera un proyecto de inversión. Acá, una de ellas. Metro y medio de estatura, ningún interés en abdominales marcados ni en cremas con colágeno marino. Mis amigas hablan de rutinas y sesiones de zumba como si estuvieran salvando al mundo. Yo solo intento siempre llegar a un dialogo ligero pero sustancial sin que me interrumpan o ignoren por conversaciones de pasos de baile, la operación de la fulana y tendencias de la moda. Deborah Turbeville - U ntitled     En ciertos círculos sociales, la desviación intelectual se percibe como una forma leve de disfunción. Una excentricidad manejable. Mis amigas, mujeres funcionales y socialmente eficientes, administran su cuerpo con la precisión de un protocolo corporativo: cuentan ...

Sangro, luego existo

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Manual para sangrar sin pedir perdón Ayer me vino el periodo. Hoy es el segundo día: el más brutal, el más crudo, el que debería venir con advertencia. Siento que sangro por una genealogía de mujeres que nunca descansaron. Y sin embargo, aquí estoy. Con el cuerpo entumecido y el alma acorralada por la obligación. Las horas pasan y el trabajo me espera. Como si mi sangre no importara. Como si yo no fuera cuerpo. I. El silencio rojo Desde niñas aprendimos a callar la menstruación: a esconder las toallas como contrabando, a sonreír mientras el abdomen se nos retorcía como bestia herida, a fingir neutralidad mientras sangrábamos en medio de la historia, la química o la gramática. Nos entrenaron en la diplomacia del disimulo, en la ceremonia de lo innombrable. Simone de Beauvoir escribió que la biología no es destino. Y sin embargo, en este sistema, lo biológico se convierte en subordinación, en sospecha, en desventaja. No es la sangre lo que duele, es el deber de fingir que no existe. Es l...